domingo, 13 de marzo de 2016

"Respirando paraíso" - Petén

Cierta vez le dijeron que existía un lugar, en donde el viento y su pelo se pondrían a jugar, mientras el canto de las golondrinas marcarían su paso al andar. Le dijeron también que parecía un pequeño Edén. Y que al cruzar un puente, se sentiría valiente, por haber caminado sobre un lago, a veces furioso, a veces calmo. Decidida dijo "Iré a buscar el paraíso".



Llegó a aquel departamento y anduvo por sus calles. Preguntó por el paraíso, le dijeron: -"Está en medio del lago". En carro cruzó un puente, y llegó a la isla mayor. Donde hay calles coloridas, y ¿por qué no decirlo? Venden la mejor pizza. Alrededor de toda la isla, hay un cordón de concreto, en donde unos caminan, otros pedalean y unos cuantos bailan a la media noche. Cuando llegó no vio a ninguno, pues el lago había crecido, inundando algunas calles, demostrando poderío.

Encontró a un lanchero, que prometió mostrarle lo más bello. En la lancha el lago atravesó, yendo de extremo a extremo. En uno de ellos, un mirador se situaba. Subió a él y encontró a más gente que la belleza de la isla mayor admiraba. Bajó, y con el viaje en lancha prosiguió. Llegó al par de islas más pequeñas. 

Animales de todo tipo: aves, cocodrilos y un jaguar que se paseaba. No hicieron falta las guacamayas, pues hasta andaban en bandada. Respiró profundamente y cerrando los ojos pensó "estoy respirando paraíso".

Yo, cruzando el puente


Cuando te acostumbras a un paisaje gris, con edificios y bullicio, parece casi una bendición llegar a un lugar donde el sonido de los animales sea la canción. Tan distinto, tan puro, tan natural. Verde, como alguna vez lo fue el lugar donde ahora, en lugar de plantas y vida; lo que reposa sobre el suelo es block, cemento y vigas. 

El departamento es Petén. La isla mayor es la Isla de Flores. El lago es el Petén Itzá. El mirador es el del Rey Canek. Y las dos pequeñas islas, conectadas por el puente, son Petencito. El paraíso se encuentra en Guatemala.

Isla de Flores, Petén. Foto de @FotosdeNatGeo en Twitter



miércoles, 17 de febrero de 2016

#SepurZarco: Una cátedra de valentía

A mis 19 años no creí que fuera posible sentir lo mismo que una persona de 79 años de edad. Quizás no fue exactamente lo mismo, pero tuve una pequeña "probada" del dolor que hace muchos años atrás, le causaron y que hasta el día de hoy persiste, punzante, en sus recuerdos y en su corazón. 


Foto: Diario La Hora 

El pasado viernes 12 de febrero tuvimos la oportunidad de ir, junto a algunos compañeros de la universidad, a uno de los peritajes presentados por el Ministerio Público en el caso Sepur Zarco. Me atrevería a afirmar que esta fecha quedará grabada en nuestra memoria, como el día en que nos enseñaron lo que realmente significa ser valiente.

Todos habíamos escuchado acerca del caso. Habíamos leído más de algún artículo, columna de opinión o siquiera un comentario en Facebook o Twitter. Pero eso no pudo compararse a escuchar los testimonios de las víctimas "en vivo".  Llegamos a la Sala de Vistas y estaban estas mujeres, cubiertas por completo, sentadas frente a los hombres que ahora, debido a lo que les hicieron durante el Conflicto Armado Interno, enfrentan cargos de esclavitud sexual. 

Foto: Waleska Hernández, Diario La Hora

Estas mujeres, a las que el Estado les falló, hoy confían en que les harán justicia. Y no solo ellas esperan eso, sino todos los que comprendemos que esto no es acerca de Militares vs. Guerrilleros, de derecha vs. izquierda, o acerca de "vividoras del conflicto" que esperan jugosas indemnizaciones. No. Esto se trata acerca de hacer valer los derechos y la dignidad humana que nos pertenecen a todos por igual, sin importar nuestra etnia, ideología o condición socioeconómica. 

Fue sorprendente que, pese a que estas mujeres solo hablan su idioma natal (el q' eqchi'), y nosotros debíamos prestar atención a la traductora; experimentamos gran empatía hacia ellas. Ellas, que nos llevan varias décadas de diferencia, fueron capaces de hacernos sentir. Las vimos llorar, mientras nosotros también lo hacíamos. Escucharlas rememorar los peores momentos de sus vidas, y clamar por justicia, fue una experiencia que nos sensibilizó y nos humanizó. Nos enseñaron a ser valientes, a no callar y a levantar la voz frente a las injusticias; nos demostraron cómo hacer valer nuestra condición de seres humanos.

Parte del testimonio de una mujer de 79 años, cuando preguntaron sobre su esposo, quien desapareció a manos del ejército.

Comparto esto con la esperanza de que más personas conozcan sobre el caso. Con la esperanza de que más personas aprendan una lección sobre valentía y fuerza. Con la esperanza de que nos demos cuenta de que todos somos Sepur Zarco, porque al final del día somos todos seres humanos; personas a quienes se les deben respetar sus derechos, dignidad e integridad.


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