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lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Que por qué me dueles?


Nunca había sentido tanto. No con esta intensidad, con esta fuerza, ni con esta incondicionalidad.
No sé qué es lo que pasa, que con cualquier recuerdo te pienso y te siento. No comprendo cómo es que no me canso de imaginarte y de imaginarnos. Tampoco entiendo cómo es que te quedás así de impregnado en mí. Pero me gusta.
Te conozco las fallas y aún así te concibo perfecto. Podría casi predecir cuándo harás algo mal, y aún así no lo impediría, porque te inhibiría de actuar. Y prefiero un error tuyo, a un pequeño detalle que yo misma propicié.
Aún así me dueles, de a poquitos. Pero con la misma intensidad con la que te quiero y anhelo.
¿Que por qué me dueles? Ni yo lo logro explicar, y por eso escribí esto. Con la esperanza de que "a mano alzada" encontraría la respuesta.
Quizás sea por tu forma distinta de ver la vida, o por esa forma en que te has logrado liberar de cosas que a mí, de solo pensar, me oprimen. Sí, quizás sea por eso. Te envidio, y lo que te envidio lo amo, pero me duele.
Quiero pensar que es porque te amo, y los sentimientos vienen en combo. Aunque lo más probable es que sea por mi propia inseguridad. Sí, eso.

*fin del post random*

domingo, 8 de marzo de 2015

A tí, mujer


Picture credits

Un poco tarde ya, en el Día Internacional de la Mujer, te escribo a tí, compañera de género.
De mujer a mujer, con la esperanza de facilitarte una lección, que a mí me ha costado aprender.

Aquí te va la receta para ser feliz, en un paso; simple, breve, concisa, efectiva.

Primer y único paso:

1) La única persona a la que realmente debes complacer es: a tí misma.

No pierdas el tiempo tratando de hacer feliz a alguien. O peor aún, tratando de hacer feliz a todo aquel que te rodee, sea buena o mala persona. Porque eso, amiga mía, es sin lugar a dudas imposible. Sé que dirás que en la vida de una, no sólo estamos nosotras mismas. Pues hay familia, amistades, compañeros, autoridades de cualquier tipo. Y estás en lo correcto, las hay. Pero en mí opinión, no debes tratar de hacerlos felices a todos ellos, tú eres la única a la que debes complacer.

Cuando te des cuenta de que eres realmente feliz con la forma en la que conduces tu vida, verás que los demás se contentarán. Ellos respetarán tus acciones y tus decisiones. Ellos respetarán tu felicidad.

Condúcete siendo alegre, amable y respetuosa.
No andes por la vida, ni sumisa ni pomposa.
Conócete y quiérete.
Deja de vivir la vida en obra gris,
Y atrévete a ser feliz.

miércoles, 25 de febrero de 2015

La mariposa que se negaba a dejar el capullo



Ella era fuerte, segura, confiada. O al menos eso era lo que quería que los demás creyeran. 

La verdad es que, en su interior ella sentía que era todo lo contrario: débil, tímida, frágil, insegura... Le parecía fácil acatar libretos, disfrazarse con ilusiones, vestirse de complacencias, mientras agradaba a quienes la rodeaban e impresionaba a quienes debía impresionar. Se preguntaba constantemente, ¿habrá alguien que me entienda? Mas la respuesta parecía ser siempre un "no". Mariposa estaba rodeada de un mundo, que parecía poco interesado en conocerla verdaderamente. Un mundo que exigía de ella, lo que necesitara, un mundo que parecía extra-limitarla. 

Ella estaba lista para salir al mundo, extender sus alas y volar tan alto como pudiera. Tenía todas las capacidades, dotes y habilidades necesarias. Era inteligente, cariñosa, alegre, servicial, entregada, comprometida... Y sin embargo no lo hacía. ¿Qué la detenía? ¿Por qué no abandonaba el capullo? Seguramente por el miedo. Miedo a caer, a no levantarse, pero principalmente, miedo a que los demás vieran cómo era realmente, y que eso les desagradara. 

Ella no era débil, tenía fuertes opiniones y juicios, pero tenía miedo de expresarlos y ser cuestionada. Ella no era insegura, tan sólo se paraba detrás de otros para que cubrieran sus supuestas imperfecciones y defectos. Y aunque tuviera mucho que demostrar, prefería aportar sigilosamente a las vidas de los demás; en lugar de trabajar por su propia vida.

Se dejó el alma en los demás, les dio sus alas. Cuando los demás caían, era ella quien los levantaba. Sentía que ese era su lugar, su misión. Permanecer todo el tiempo, al tanto de los otros. Pero asumió esta tarea, de tal forma que se descuidó a ella misma. 

¿Qué pasa Mariposa? ¿Es que no te das cuenta de que eres hermosa y poderosa? Claro está que es importante ayudar a los demás, pero ¿por qué siempre tras bambalinas? Entiendo lo de la modestia, pero es que,  ¿no te das cuenta que te estás dejando pisotear?. Tras bambalinas,  en donde nadie puede verte ni escucharte con claridad. Tienes tanto que decir, tanto que aportar. Pero ese capullo no te deja brillar. 

Mas, había una persona, que así como María Iribarne se fijó en el cuadrito de la pintura de Castel; se fijó en Mariposa. La única que le prestó atención, pero aún más importante, la única que se tomó el tiempo de desenvolver ese capullo y conocer el interior; haciéndola sentir cómoda, segura y sin miedo... Así como has dejado pasar un millar de oportunidades, Mariposa ¿dejarás pasar a este atrevido? Que pareciera conocerte y apreciarte más de lo que tú misma lo haces.

Cuando te hablo a tí, Mariposa, sé que le hablo a una parte de mí. Porque sé que soy así. Para mi desgracia o mi fortuna, soy una mariposa que tiene miedo a volar. Sé que soy fuerte, segura, confiada. Sé que soy inteligente, hábil, firme, soñadora. No entiendo por qué me limito, no me explico de dónde viene ese miedo que me ata y me sujeta firmemente a la parte de atrás del escenario de la vida. 

Y aunque a veces crea que nadie me comprende, sé que no es así. Porque en algún momento de la vida, todos somos mariposas con miedo a volar. Con miedo al qué dirán, o a un futuro que somos incapaces de divisar. Muchas veces estamos enfocados en ayudar a los demás, en parecer agradables, en ser aceptados y encajar; pero nuestros esfuerzos siempre van hacia los demás. ¿Por qué no me esfuerzo primeramente, en ayudarme y aceptarme? 

Encuentra la imagen aquí.


Si eres también una mariposa, espero ayudarte a perderle el miedo a salir de ese escudo protector. Cada mariposa es única en su tipo, todas tienen belleza sin igual. Déjate ser descubierta, pero primero, descúbrete.